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CONVIRTIENDO SAPOS EN PRÍNCIPES.

 

  En muchas ocasiones no nos pararnos a pensar... ¿por qué nos unimos a otra persona en una relación sentimental?, o más bien ¿por qué la buscamos cuando no la tenemos?

Existen al menos dos posibles respuestas a esta pregunta:

  ¿Buscamos a alguien de quién estar enamorados? o ¿Buscamos una relación de la que estar enamorados?

  Curiosa dicotomía, que despierta nuestro interés ya que una buena  parte de las personas que no pertenecen a ninguna relación, pero ansían incorporarse a una, cuando nos describen sus motivaciones, no hacen reflejo en ningún momento a una persona ideal a la que admirar y querer…

  Hacen referencia a querer participar en una relación sentimental bonita y placentera. Esto es, lo que echan de menos no es a una persona en concreto con unas características personales en concreto, sino que anhelan es la situación de pertenecer a una pareja y disfrutar de una serie de prestaciones.

  Cuando las personas nos reflejan su situación ideal no hablan de los rasgos físicos o personales de una pareja.  Hablan de una chimenea, con música romántica y un fuego cálido al que juntarse, para disfrutar de la ternura sentimental de estar enamorado.

  Necesitan sentirse únicos y especiales.  Tener con quien compartir aficiones, pasiones, y actividades de compromiso.  Es obvio que todo esto tiene que estar salpicado por un sentimiento amoroso, sino hablaríamos de buscar una amistad con quien pasar el tiempo.  

  Las personas en esta situación, que echan de menos la situación de estar enamorados o emparejados, y no a una persona determinada.  Entran en la peligrosa predisposición a convertir ranas en princesas o sapos en príncipes. 

  Este fenómeno es la aplicación en las relaciones personales, de esa famosa cita que decía: “Cuando alguien necesita mucho una verdad, aceptará la primera mentira que satisfaga”.

  Es por esto que las personas que se encuentran en esta situación de esponja emocional, aceptan proposiciones con personas que en sí solo muestran el beneficio de la disponibilidad y el interés por tener también una pareja. 

  Este tipo de relación desgraciadamente tendrá una duración determinada y corta.  En cuando nos adaptemos a la situación y la hayamos paladeado, empezaremos a mirar más adentro de la persona con la que la compartimos… Y ahí es cuando aparecerá el verdadero amor… o no.  Es ahí cuando la personalidad de nuestro cónyuge afianzará la relación, o simplemente nos hará echar de menos esa situación de soltería, de independencia y libertad total.

  No es malo atreverse, probar, mirar, ver y sentir, todo lo contrario, nos enseña más sobre nosotros mismos, y nos hace disfrutar de lo útil que contenga esa relación por muy inadecuada que sea.  Pero siempre y cuando nos hagamos conscientes de este proceso de convertir ranas en princesas,  sepamos gestionar ese tipo de relación coyuntural, y no dejar que nos afecten las futuras consecuencias nocivas de su ruptura.

 

 

  No significa eso que una relación que comenzó convirtiendo una rana en una princesa, no pueda evolucionar encontrando que la persona finalmente era una princesa. Pero las garantías de esto son muy inferiores, si lo comparamos con la otra posibilidad que dio inicio a este artículo: cuando lo que nos enamora es la persona en sí.

Salvador Velarde Ruiz

 

 

Desarrollo personal y psicologia  | desarrollopersonalypsicologia@hotmail.com

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