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 El juego de las sillas musicales.

Los motivos por los que se forman parejas en nuestra época, son variopintos.  Unos despiertan la admiración en quien os escribe, y otros...la pena.

Puede resultar llamativo o incluso escandaloso, para muchas de mis lectoras, el hecho de que cuando observe una pareja, sienta decepción por la formación o consolidación de esta.  Soy consciente de tal sorpresa, y también soy consciente de la cascada de reproches o críticas que despertará este artículo, sobre todo de aquellas personas que estando en esa situación, la quieran vender como una gran suerte.   Sea como fuere,  y como ejercicio de compromiso con el desarrollo personal, aceptaré aquellas que sean constructivas.

 

Entramos en la disertación reflexiva: 

Recuerdo mi primera y única visita al maravilloso mundo del circo, en esos tiempos en los que la inocencia era mi única forma de mirar la vida.  Cuando el presentador del espectáculo anunció un juego para que participasen personas del público:  "El juego de las sillas musicales". Creo que sobra explicar sus reglas, pues seguro que mis sabios lectores alguna vez lo habrán visto o practicado.  

Recuerdo el sonrojo de cada uno de los jugadores, cuando la música cesaba y se encontraban como la única persona que no había logrado sentarse en alguna silla.

Ahora la sociedad es el público observador de ese circo.

La formación de una unidad familiar es uno de esas necesidades impuestas por la presión social que tan inmaduramente nos ha educado.  Tal es así, que cuando una persona va superando la treintena, empieza a sentir en la nuca, esas miradas sociales, que le señalan como fracasada.  Una incompetente en el arte de formar una pareja y dotarla de descendencia.

En este momento de mi desarrollo, cuando la inocencia empieza a escasear.  Aún me detengo a mirar los rostros avergonzados de las personas que a cierta edad, no han logrado aún sentarse en ninguna silla relacional.  Me paro, analizo y observo, el sonrojo interior y la desazón que les provoca sentir las miradas de los emparejados sentados en sus sillas, las que encontraron desesperadamente antes de que parase la canción.

Esta influencia silenciosa, esas miradas de una sociedad acomodada, que ha seguido el dictamen del rebaño, nos acaba situando en una cruce de caminos.  Todos y cada uno de los que a determinada edad, no tengan la familia en encargo, habrán sentido esa mirada.  Habrán experimentado que se apagó la música y solo ellos quedaban de pie.

Ese momento  de nuestra vida es crucial.  Es el hito en el sendero, en el que hemos de elegir entre ser valientes o ser aceptados. 

Ese momento donde la persona ha de sentarse consigo mismo y reflexionar.  Para determinar si está aceptando oportunidades calamitosas de formar pareja, por la presión de no ir andando en soltería por esta vida.  O por el contrario decide la búsqueda de algo en lo que realmente crea, aún a riesgo de quedarse sin nada.  O mejor escrito de quedarse sin relación.  Porque cuando alguien viaja por esta vida en paz con sus principios, y disfruta consigo mismo, tiene bastante más, que aquellos que se han "sentado" en una relación de satisfacción mediocre, simplemente por el miedo a que finalizase la canción.

La ansiedad y desesperación encubierta por sentarse en alguna relación antes de que termine la canción, nos hace aceptar situaciones y parejas realmente contrarias a nuestra felicidad.  Lo decía la famosa cita: "Quien necesita mucho una verdad, aceptará la primera mentira que le satisfaga".

Cuando miro en derredor y veo tantas personas "sentadas en relaciones insatisfactorias", francamente me siento decepcionado. 

No cuestiono el derecho que cada cual tiene de elegir ser aceptado, en lugar de ser valiente.  Simplemente espero más de un alma, que sentarse en una silla para que no le miren de manera acusatoria.  

Simplemente espero más, de un alma que debería moverse por motivaciones más sublimes que la evitación de las críticas ajenas. 

Simplemente espero más, de un alma que debería ser más de ella misma, y menos de lo que los demás le exigen que sea.

Simplemente espero que un alma, intente acercarse al amor, en lugar de huir de otros miedos.

Tal vez, seguir esperando esto de todas esas almas con las que me cruzo, significa que aún perdura en mí mucha más inocencia de la que admito.

Por último y para todas aquellas personas que me leen, y sienten la presión de esa desesperación por sentarse en alguna relación, o permanecer sentadas en una que no les hace felices, simplemente por el miedo a que se termine la canción, decirles:

Que siempre después de terminar una canción, empieza otra.

S.V.R 

Desarrollo personal y psicologia  | desarrollopersonalypsicologia@hotmail.com

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