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LA MUERTE DE CARPE DIEM

 

  La filosofía del carpe diem, de aprovecha el momento, del vive ahora como si nada más existiese, está enterrada en el fondo del baúl de esta sociedad del estrés. 

  Nos hemos inscrito en una estructura de logro de objetivos secundarios, invirtiendo para ello tanta energía vital, que hemos olvidado el auténtico y único sentido que tiene la vida humana…”ser feliz”.

  Alguien desconocido disfrazado de sociedad, enseñó a nuestros padres que debíamos conseguir el mayor número de objetivos laborales, monetarios, materiales; que obligatoriamente debíamos tener descendencia y formar una familia.  Y por su puesto todo eso… en una sola vida.

  Somos nosotros mismos, quienes hemos aceptado el dorsal para una carrera de comparación social con nuestros vecinos de vida.  Competimos por una imagen socialmente aceptada donde aspiramos tener un trabajo más prestigioso, una cuenta bancaria más solvente, una vitrina de trofeos laborales más repleta.  Una familia aparentemente más feliz, con los hijos más altos, más guapos y más educados que los suyos.

  La influencia social nos invade, nos educa desde pequeños mediante nuestra familia igualmente infectada.  Nos hace ver que no tener una familia y los más pomposos medios económicos es un fracaso.  Empieza en esta necesidad superflua, la dependencia del dinero y del trabajo.  La dependencia, de los compromisos laborales y familiares, que nos empujan a una vorágine de exigencias u obligaciones diarias.  Los más afortunados y exitosos en la búsqueda de estos objetivos secundarios, son capaces de recopilar ingentes bienes materiales embargando su tiempo, su ocio, su descanso, sus sensaciones de disfrute y su vida en general.

  Los triunfadores de la sociedad de los vestidos, consiguen tener una casa registrada a su nombre, un coche nuevo de estatus elevado, una familia vestida con harapos de elite, unos hijos que estudian en prestigiosas instituciones.  Y para llegar a todos estos objetivos han de renunciar al original, vivir.

  Un compañero de facultad socialmente bienaventurado me comentó un día:

-He logrado un trabajo que me remunera con generosidad, ya sí me pude comprar esa moto que anhelaba cuando era un adolescente. ¿te acuerdas?-

  ¿Cómo podía haberlo olvidado si este gran amigo de estudios, apenas hablaba de otra cosa?.  Me sentí alegre de recibir esa noticia aunque no pude evitar hacerle la pregunta del millón, a fin de cuentas era rico y podría pagarla:   ¿La disfrutas?

  Todo su dinero y éxito laboral no habían dado la cantidad suficiente para pagar la respuesta.  Aún así la sonrisa triste que acompañó aquellas palabras confesaba que era consciente de su error de planteamiento vital:

  -Solo el día que la saqué de la tienda y sólo durante los primeros treinta minutos que pasé subido en ella-.

  El resto del tiempo que la conducía no podía pensar ni disfrutar de las sensaciones que de joven había soñado.   Esos momentos estaban secuestrados por las obligaciones que se le venían encima ese día. Cuando no era una agenda milimetrada que rebosaba cada día,  era una nueva exigencia laboral, o un problema que resolver en una familia desestructurada por un divorcio prematuro.

  Pasó los últimos diez años dedicados a obtener un estatus laboral y económico alto.  Cuando lo logró había olvidado la capacidad de disfrutarlo.   Había invertido la mayor parte de sus energías, su tiempo, su salud, en un esfuerzo de exigencia máxima para adquirir unas posibilidades, que ya no tenía tiempo ni ganas de disfrutar.

 

  Esta sociedad del éxito material, nos enseña a que tenemos que dejarle muy poco espacio a disfrutar de la vida y nuestra suerte por haberla recibido, en aras de acumular posesiones materiales y triunfos sociales que valoren los demás.   Esta sociedad usa para convencernos un argumento contradictorio y falaz:

  Trabaja duro mientras puedas vivir, y así podrás vivir cuando ya no tengas ganas de hacerlo.

                                                                                               Salvador Velarde Ruiz.

 

  

 

Desarrollo personal y psicologia  | desarrollopersonalypsicologia@hotmail.com

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