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EL HOMBRE QUE NO PUDO VOLVER DEL INFIERNO.

   

   A dos pasos del mostrador de venta de billetes, se quitó el sombrero. Estaba impaciente por ver llegar el final de su calvario. La azafata le dirigió la mirada con unos bonitos ojos azules, invitándole a participar:

-“Quiero un billete para regresar del infierno”-

-¿Cómo?-

-Sí, quiero un billete para regresar del infierno, para volver a la vida normal, ya es hora de salir-

-Perdón caballero no disponemos de ese destino, le puedo ofrecer Roma, Budapest…-

-No quiero ir a Roma ni a ningún otro sitio, solo quiero regresar del infierno, por favor dame mi billete, lo merezco, ya he sufrido bastante-.  El tono de su petición fue elevándose, hasta el punto de atraer la mirada de los presentes en aquella terminal. La azafata pidió la ayuda de un supervisor.

   El hombre del sombrero fue acompañado por el supervisor a un pequeño despacho donde el director del aeropuerto, le estaba esperando.

-Señor he sido informado de su petición, y debo comunicarle sintiéndolo mucho, que no podemos ofrecerle a usted un billete para regresar del infierno.  Ingresamos su solicitud y el sistema no nos permite esa opción como destino-. 

El hombre arrojó el sombrero al suelo enrojecido por la ira, mientras el director le hizo un gesto con la mano:

-Eso sí, si usted quiere podemos ofrecerle un billete de…Ida al infierno-.

-Pero si el infierno es donde estoy-

-No está usted registrado en el infierno señor, lo siento.  Si quiere podemos prepararle la reserva…-        

 

El hombre del sombrero se sentía en un infierno, pero… ¿lo estaba en realidad?

   Magnificar nuestro sufrimiento es una forma de rechazarlo, de quejarnos por lo malo que nos sucede, de oponernos a que nos ocurra.  Por cierto una forma poco eficaz.

  Pero...¿Rechazamos con igual vehemencia nuestra buena suerte? O mejor preguntado ¿alabamos nuestra buena suerte cuando aparece y nos sentimos felices? ¿Reconocemos cuando estamos en el cielo?

   Tenemos que aceptar que la vida es extraordinaria y a veces nos hace pagar por ello. Si el sufrimiento de pago, no lo aceptamos como un pequeño requisito para vivir y disfrutar del resto de lo bueno. Si lo magnificamos nosotros solos, nuestra atención se deprimirá y sólo veremos infierno del sufrimiento…No nos daremos cuenta de que no estamos en ningún infierno…

…Y exigiremos un billete de vuelta.

  Salvador Velarde Ruiz

 

 

 

 

Desarrollo personal y psicologia  | desarrollopersonalypsicologia@hotmail.com

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