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EL SEGUNDO GRUPO.

 

En la vida hay dos tipos de personas:

1- Las que al enamorarse de una persona, quieren tener una relación con ella.

2- Aquellas que cuando se enamoran de una persona, cortan la relación con ella.

¿En qué grupo estás?

Si tu respuesta es, el primero:

¡Enhorabuena! como decían las evaluaciones de nuestra infancia...progresas adecuadamente en el camino del desarrollo personal, y en la búsqueda de tu felicidad.

Si has escogido la segunda alternativa:

Vaya a la cárcel emocional, sin pasar por la casilla de salida.  Después de un tiempo indefinido, vuelva a la casilla de salida, para reiniciar el camino de autoconocimiento y esfuerzo en su propio desarrollo personal.

 

 Seguro que alguno de mis ávidos lectores, estará pensando lo improbable de la existencia de ese segundo grupo de personas...

...Siento más que nadie contradeciros, que el segundo grupo existe.  Y desgraciadamente, contiene demasiadas personas.  Demasiadas personas que han escogido voluntariamente la cárcel del miedo a sentir.

  Desde mi perspectiva profesional sobre el mundo de la psicología de las relaciones, entiendo que al final, la vida seguramente no sea más que un juego.  Pero me niego a aceptar que en este juego, el que se enamore pierde.  Me niego a aceptar que en este juego, el que enamora a alguien, sea descalificado.  Me niego, rotundamente. 

  Entre las muchas causas que podría escribir, para llamar la atención sobre lo estrambótico de esta situación, hay una que hiela mi optimismo:

  Si en este juego, el que enamora pierde...

  Si el que hace sentir a alguien el tesoro más hermoso que conoce la mente humana, es castigado... (Ya sea porque la  persona receptora tenga terror a sentir, a sufrir, o por cualquier otra minusvalía en su desarrollo emocional).

...¿quiénes ganarían un juego regido con tan injustas reglas?...¿Qué personas son las que consiguen la atención de los seducidos?

  ¿Has sentido como el frío recorría tu cuerpo al imaginar la respuesta verdad?

  Ganarían y lograrían su objetivo aquellos que insinúan relaciones sin sentir, sin implicarse, sin apostar, sin comprometerse con sus propias emociones.  Ganarían aquellos que viajan por el camino de lo relacional, sin alma.

  ¿Acaso estamos caminando hacia un futuro en el que las relaciones han de ser asépticas?, ¿estar totalmente inoculadas contra el contenido sentimental?  

  ¿Han de marcar el camino aquellas almas que nos escupen su miedo entre refranes del tipo: "Prefiero no sentir, porque así no sufro después"? 

  ¿Os imagináis trasladar esa cobardía a los demás aspectos del disfrute mental?  Veamos unos irrisorios ejemplos:

  Prefiero no ir a ese increíble viaje, porque me gusta demasiado el destino, y al terminar las vacaciones me daría "la depre" al volver.

 Prefiero no comprarme ese vestido porque me hace sentir tan atractiva, que cuando vista otro me vería fatal.

  Prefiero no comer esa apetitosa paella,  porque disfrutaría tanto que el resto de las comidas me resultarán insípidas.  Y podría seguir así el resto del día.  Aprovechando mi imaginación humorística, pero la verdad es que este tema, por mucho que la ironía me seduzca, requiere de toda mi seriedad. 

 Alguien muy desafortunado, a la vez que muerto por dentro, me dijo una vez:

  "Enamorarse es de niños".   Entonces... ojalá no crezcamos nunca.   Porque el corazón es como un paracaídas, solo sirve si se abre.

  El "prefiero no sentir, y así no sufrir".  Es como decir:   Prefiero no vivir, y así no es tan malo morir. 

Dicen los filósofos orientales que lo único por lo que merece la pena vivir...es la vida.

  Si has captado la insinuación que acabo de lanzar, entenderás lo preocupado que me encuentro ante el panorama apocalíptico de emociones negativas, y relaciones tóxicas, al que se enfrentan las personas del segundo grupo.  

  Esos pretenciosos muertos que andan, pretenden interaccionar con los demás sin sentir. 

 

  Y ahora pregunto, recuperando esa inocencia que perdí, no recuerdo ya, cuando ni donde...  ¿Qué criterios de afinidad usan?, ¿cómo eligen a las personas con las que se emparejan?

  ¿Interés económico?, ¿Compañeros de piso con los que compartir gastos y tener descendencia?, ¿Cualquier persona que les acepte para poder estar dentro de lo socialmente bien visto; o mejor dicho cualquier persona que les ayude a esquivar lo socialmente castigado, como ser un solterón, o solterona a una determinada edad?

 ¿Buscan tal vez, evitar la soledad?, ¿Alguien que les mantenga económicamente?, ¿Un cuidador o cuidadora para cuando envejezcan?

  Permitidme el siguiente juego interactivo, ahora volved a leer las preguntas sin el signo de interrogación, pues son en realidad, las tristes respuestas posibles que usan esos robots, para escoger a sus víctimas.

  Sea como fuere, una persona que renuncia a la emoción y al sentimiento, habrá de basar su interés por tener pareja, en eso precisamente: "interés".

  Esas desafortunadas reglas darán lugar a parejas que no son parejas, sino trabajos.

  Darán lugar a sociedades limitadas de dos sujetos, que firman y confirman a diario, unos acuerdos no escritos de compañía social.

 Esas desafortunadas reglas del juego, generan desgraciados crónicos...

...por lo tanto estamos todos en la obligación de cambiarlas. 

  Los que han entrado voluntarios a esa cárcel del no sentir, y por extensión del no vivir, están obligados consigo mismo, a cambiar esas reglas tramposas, para dejar de evitar la felicidad con tanto ahínco.

  Y los que tenemos la suerte de estar libres de miedo hacia el amor, hemos de fomentar ese cambio en los demás, para reducir las probabilidades de encontrarnos algún día con alguien que nos elimine... simplemente por haberle regalado el amor. 

S.V.R

 

 

Desarrollo personal y psicologia  | desarrollopersonalypsicologia@hotmail.com

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